Ese fingimiento del goce ha adquirido las características del trabajo, y por tanto, ha pasado a ser un esfuerzo de tal magnitud que conduce a la extenuación y a la enfermedad.
Para mantenerlo se ocupan cada vez mayores dosis de estimulantes de todo tipo, mentales o químicos.
El individuo considerado aburrido o que parece aburrido es estigmatizado, incluso los sujetos que se atreven a vivir temporalmente la tristeza propia del duelo o la pérdida de un ser querido son dejados o excluidos del grupo.
Ninguna exigencia es más agresiva, e incluso violenta en el mundo actual que la de divertirse a toda costa y no parecer- ante los otros- bajos de ánimo.
Se nos exige que proyectemos una apariencia ininterrumpidamente gozosa: ¡ Aparenta que disfrutas hasta que caigas extenuado, enfermo o muerto, NO te aburras jamás, no te detengas !
La omnipresente publicidad nos ordena adoptar actitudes autodestructivas cómo estás: » Déjate llevar por todo lo que te apetezca » o » Por qué elegir si puedes tenerlo todo » o » No puedes no tenerlo todo » o » Que el dolor no te pare » » No te concentres, dispérsate en todas direcciones »
En la situación actual el placer se ha convertido en una obligación, y, por tanto ha adquirido las características del trabajo.
Pero no es la experiencia del placer aquello que ha venido en una tarea y agobio, sino su simulación: ¡ Aparenta que disfrutas ! .